miércoles, 23 de noviembre de 2016

LA ALEGRIA DE DAR


La alegría de dar



Cada día podemos ser generosos en dar algo a los demás. Con la  práctica se va abriendo el corazón poco a poco, y descubrimos, con admiración, que nunca hay pérdida. En cambio nos fortalecemos y podemos superar el temor de ser vulnerables. Practicar la generosidad ejercita al corazón: cuanto más se da, más se fortalece. He aquí una parábola que lo ilustra.

Un anciano muy avaro, en su lecho de muerte, ordenó a la sirvienta que colocara en su féretro una bolsa repleta de monedas de oro. Cuando su alma llegó al más allá, se vio de repente ante una mesa con platos deliciosos. —Dígame, ¿cuánto valen estos platos: el pan con salmón, las sardinas y las empanadas?, preguntó mientras se le hacía agua la boca. —Todo vale diez pesos, le respondió: —¡Qué barato! Y llenó toda una bandeja con el exquisito menú. Cuando fue a pagar con una moneda de oro, el vendedor apenado hizo una señal negativa con la cabeza y dijo: —Quizá hayas aprendido muchas cosas en la vida, pero lo que no sabes es que aquí sólo aceptamos el dinero que has regalado.  

El egoísmo atrofia al hombre, que sólo en la donación generosa a los demás, encuentra su madurez y plenitud. Si te preocupas demasiado por ti mismo y tu propio entorno, si vives para acumular dinero y comodidades, no te quedará tiempo para los demás. Si no vives para los demás, la vida carecerá de sentido para ti, porque la vida sin amor no vale nada. P. Natalio.

lunes, 3 de octubre de 2016

LA ROSA Y EL SAPO


LA ROSA Y EL SAPO


En tu vida de relación con los demás, cuídate de subestimar a los pequeños y a los débiles. La sabiduría del Creador ha dispuesto tan armónicamente sus obras que todo tiene su razón de ser: lo débil y lo fuerte, lo grande y lo pequeño. Considera pues con atención y verás cómo cada uno aporta sus dones para el bien de la convivencia humana.

Había una vez una rosa roja muy bella. Sabía que era la mejor del jardín. Sin embargo, notaba que la gente la admiraba de lejos. Advirtió que junto a ella siempre había un sapo grande y oscuro. “¡Por eso nadie se acerca a mí!”, pensó indignada, y ordenó al sapo que se fuera enseguida. El sapo, muy obediente, se retiró. Días después, el sapo pasó por allí y se sorprendió al ver la rosa marchita, sin hojas y sin pétalos. Le dijo entonces: —¡Qué mal se te ve! ¿Qué te pasó? La rosa contestó: —Desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y ya no volví a ser igual. El sapo añadió: —Así es, cuando estaba aquí, devoraba esas hormigas, y siempre eras la más bella del jardín.

Valora lo que hacen las personas, incluso en tareas no tan brillantes, pero sí indispensables. Fórmate una idea exacta de la interdependencia que todos tenemos y del aprecio mutuo que nos debemos. Que sepas hoy bajar a lo concreto esta reflexión. Por ejemplo, di una palabra de sincero aprecio a la mamá por sus trabajos del hogar.

BIENVENIDO OTOÑO

 


viernes, 2 de septiembre de 2016

lunes, 16 de mayo de 2016