lunes, 16 de enero de 2017
miércoles, 11 de enero de 2017
EL BROCHAZO...
El brochazo
Un artista estaba pintando la bóveda de
un templo y con frecuencia daba unos pasos hacia atrás en el andamio
para contemplar su obra. Se encontraba tan absorto contemplando su
trabajo, que no se había dado cuenta de que iba a caer en el pavimento
que estaba a gran altura del andamio.
Otro pintor, hermano de aquel, viéndolo
en peligro y comprendiendo que una palabra podría apresurar su caída,
arrojó una brocha sobre el cuadro que contemplaba el artista que estaba
en peligro. Este pintor, sorprendido y enojado, violentamente se dirigió
hacia adelante, salvándose así de una caída que hubiera sido mortal. De
esta manera, Dios algunas veces destruye también las halagadoras
esperanzas de nuestro corazón, para advertirnos el grave peligro en que
estamos por causa del pecado, y para salvar nuestras almas.
Muchas veces no entendemos que por estar
tan absortos en nuestros propios logros, éxitos y ambiciones, damos
pasos en falso que podrían destruir nuestras propias vidas y Dios, en su
misericordia, interviene para despertar nuestra conciencia dormida. A
veces, Él lanza su brocha contra el cuadro de nuestra vanidad para
demostrarnos que nos ama y que más que estar interesado en nuestros
éxitos , Él está interesado en nosotros como sus hijos.
La proxima vez que Su brocha manche tu cuadro, dale gracias a Dios, porque quizá te haya librado de caerte del andamio.
jueves, 29 de diciembre de 2016
LA NAVIDAD
NAVIDAD, LA ALEGRIA DE SABERSE AMADO
La Navidad es un misterio de amor. Un
misterio en el que sólo podemos penetrar con un corazón sencillo y
abierto. El amor que Cristo nos trajo tenemos que hacerlo presente en el
trato con las personas que nos rodean.
Por: Pablo Aguilar Bernal | Fuente: Virtudes y valores
En una noche de diciembre, antes de las
fiestas navideñas, Carlitos y su mamá caminaban de la mano, dentro de
una iglesia iluminada y acogedora. Su mamá lo llevó hasta donde estaban
las figurillas del nacimiento e inclinándose le dijo al oído: “Ella es
mamá Virgen, mira sus ojos tan bellos y tiernos, y mira a san José que
siempre cuida de Ella”. Carlitos preguntó: “¿por qué están aquí?”
“Porque están esperando a Dios” –respondió su mamá-. “¿Va a venir Dios?
¿Y por qué no preparan su casa, así como tú lo haces cuando vienen mis
abuelos?” “Porque no tienen casa, están en una cueva que les prestaron”.
“Pero aquí no puede venir Dios -dijo Carlitos extrañado-, en medio de
una vaca y de un burro y entre paja y tierra… ¿Y cómo va a venir?”. “Va a
nacer el día de Navidad, y va a ser un bebé como cuando naciste tú”.
“¿Dios va a ser igual de pequeñito que yo? ¿Y no va a tener frío en las
noches? Porque aquí no hay ventanas, ni cama, ni cobijas”. Y sin
pensarlo se quitó el suéter y lo puso junto a la figura de María. “Para
que cobije a Dios y no se enferme”, dijo con voz inocente. Su madre
guardó silencio mientras los ojos se le llenaron de lágrimas.
La Navidad es un misterio que sólo los de corazón sencillo pueden aceptar y comprender. Un misterio que no puede dejar indiferente nuestro corazón, un misterio de amor, amor de Dios, amor grande, amor infinito, amor desinteresado, amor y dolor, amor sincero y duradero.
Navidad es gozo, es alegría y paz, es confianza y esperanza, es seguridad. Navidad es fuerza en la debilidad, consuelo en la amargura, calor en las horas de frío, es respiro y aliento.
La Navidad se celebra cada año sin falta
porque cada año se nos da una nueva oportunidad para amar. Cada año
recordamos el mayor don, el mayor amor. Cada año se renueva el
compromiso de amistad y de entrega eterna. Cada año se nos recuerda que
las puertas están abiertas, que esta vida aún no comienza.
Jesús nació en un establo. El silencio de la noche lo arrullaba. Que el silencio de nuestra alma sea también la música de su sueño, pues donde no hay silencio, no hay Navidad. No es un silencio de mudez, sino de paz, de calma y de oración. Mira que Jesús quiere nacer en ti, déjale un espacio en tu interior. No te pide mucho, un rincón para él es suficiente.
Carlitos dejó su suéter. ¿Yo que le voy a
ofrecer? Si en la noche del 24, la Virgen María y San José tocaran el
timbre de tu casa, ¿qué harías por ellos? Llorarías de alegría y los
pasarías dentro, donde no golpea el frío. Les ofrecerías una manta, un
té caliente y un lugar para su descanso y estarías muy cerca de ellos
esperando la llegada de Dios.
Este próximo 24, debemos estar atentos.
“Mira que estoy a la puerta y llamo”(Ap 3,20). Jesús tocará la puerta de
tu corazón buscando un lugar donde nacer. Puede venir de muchas
maneras: En la Eucaristía, en tu oración, en tus hijos, en tu esposa o
esposo, en tu vecino, en tu amigo o enemigo, en el vagabundo, en el
enfermo, en el pecador, en el triste y el enfermo, en el solitario, en
el amargado o desesperado, en la tristeza y en al alegría. Pero sobre
todo, Jesús viene en la Eucaristía y pide un poco de calor en este mundo
de invierno y al mismo tiempo Él es Calor que nace en el corazón de
quien ama.
Jesucristo, como un sol en el pesebre, nos interpela con la elocuencia de su inocencia y pone en boca de San Juan: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4,10).
miércoles, 21 de diciembre de 2016
viernes, 16 de diciembre de 2016
PAN TOSTADO- QUEMADO
¡Pan tostado... quemado!
La comprensión es la base de cualquier
relación, ya sea de pareja, de padre e hijo, de amistad, laboral,
vecinal… Toda la gente que conocemos, está librando en este momento,
algún tipo de batalla. Sé, pues, amable hasta el extremo. Todos tenemos
problemas y estamos aprendiendo a vivir.
Después de un largo y duro día de
trabajo, mamá puso en la mesa salchichas y pan tostado muy quemado
frente a mi padre. Yo esperaba que alguien lo señalara, pero aunque mi
padre lo notó, sacó un pan tostado, sonrió a mi madre y me preguntó cómo
me había ido en la escuela. No recuerdo qué contesté, pero aún lo veo
untando manteca y mermelada al pan tostado y comérselo todo. Al
levantarme de la mesa, oí a mi madre pedir disculpas a mi padre por los
panes muy quemados. Nunca olvidaré lo que él le dijo: “Cariño, no te
preocupes, a veces me gustan los panes bien quemados”. Luego fui a dar
el beso de las buenas noches a mi padre y le pregunté si le gustaban de
verdad los panes bien quemados. Él me abrazó y dijo: “Tu mamá tuvo un
día muy pesado, está cansada y además, un pan un poco quemado no le hace
daño a nadie”.
La vida está llena de gente y de cosas
imperfectas. Aprender a aceptar los defectos y las diferencias de los
demás, es una de las cosas más importantes para crear una relación sana y
duradera. Un pan tostado quemado no va a romper un corazón y no tiene
por qué romper la armonía en el hogar.
* P. Natalio
lunes, 12 de diciembre de 2016
LAS SIETE REGLAS DEL GALLO
LAS 7 REGLAS DEL GALLO
Muchas veces nos sentimos incapaces de
realizar ciertas actividades o desarrollar proyectos por creer que somos
poca cosa. Sin embargo, nunca debemos pensar que no servimos, pues para
Dios todos servimos (aunque no todos para lo mismo). Si Dios pudo
utilizar un simple gallo para recuperar a un apóstol como Pedro, también
puede apoyarse en ti para muchas cosas.
Tan sólo debes de seguir las 7 reglas del gallo:
1- El gallo se levanta temprano e inmediatamente emprende su tarea (que Dios le ha confiado).
2- El gallo no se niega a cantar porque existan ruiseñores. Hace lo que puede, lo mejor que sabe.
3- El gallo sigue cantando aunque nadie lo anime ni se lo agradezca. En realidad, no espera que nadie lo haga.
4- El gallo despierta a los que duermen. Su tarea es impopular, pero necesaria.
5- El gallo proclama buenas noticias:
Acaba de amanecer. Ante ti tienes por estrenar un nuevo día, lleno de
magníficas oportunidades.
6- El gallo es fiel cumplidor de su tarea. Se puede contar con él. No falla nunca. Es un excelente centinela.
7- El gallo nunca se queja de tener que
hacer siempre lo mismo, de que nadie le felicite o de que a nadie le
importe su cometido.
miércoles, 23 de noviembre de 2016
LA ALEGRIA DE DAR
La alegría de dar
Cada día podemos ser generosos en dar
algo a los demás. Con la práctica se va abriendo el corazón poco a
poco, y descubrimos, con admiración, que nunca hay pérdida. En cambio
nos fortalecemos y podemos superar el temor de ser vulnerables.
Practicar la generosidad ejercita al corazón: cuanto más se da, más se
fortalece. He aquí una parábola que lo ilustra.
Un anciano muy avaro, en su lecho de
muerte, ordenó a la sirvienta que colocara en su féretro una bolsa
repleta de monedas de oro. Cuando su alma llegó al más allá, se vio de
repente ante una mesa con platos deliciosos. —Dígame, ¿cuánto valen
estos platos: el pan con salmón, las sardinas y las empanadas?, preguntó
mientras se le hacía agua la boca. —Todo vale diez pesos, le respondió:
—¡Qué barato! Y llenó toda una bandeja con el exquisito menú. Cuando
fue a pagar con una moneda de oro, el vendedor apenado hizo una señal
negativa con la cabeza y dijo: —Quizá hayas aprendido muchas cosas en la
vida, pero lo que no sabes es que aquí sólo aceptamos el dinero que has
regalado.
El egoísmo atrofia al hombre, que sólo
en la donación generosa a los demás, encuentra su madurez y plenitud. Si
te preocupas demasiado por ti mismo y tu propio entorno, si vives para
acumular dinero y comodidades, no te quedará tiempo para los demás. Si
no vives para los demás, la vida carecerá de sentido para ti, porque la
vida sin amor no vale nada. P. Natalio.
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